Alejandro Velasco es otro más de estos misteriosos seres, alquimista de los minerales convertidos en el metal divino que inmortaliza a los personajes llamados obras de arte dioses que comparten
la magia, cómplices de él, atmosfera propia adecuada y es patinada por los tiempos transcurridos por los viajes a los sueños embadurnados del placer de poder crear y embriagarse de ese
lenguaje propio del surrealismo, gracias Alejandro por tu mágico arte lleno de misterio y de formas que habitan musicalmente los espacios.
JAVIER HERNANDEZ CAPELO
Alejandro Velasco como bien se sabe es un fundidor reconocidísimo y no pocos escultores lo han elegido para llevar a cabo la transformación de dibujos, esquemas o maquetas en obras acabadas.
Uno de ellos fue Leonora Carrington, a quien él asesoró desde los años ochenta con- virtiéndose en su colaborador estrecho hacia final de su vida. El imaginario surrealistoide de Alejandro ya
estaba iniciado para entonces, pero no es difícil suponer que el continuo contacto con el trabajo de esta figura de primer orden, acrecentó laíndole de su vocabulario tridimensional.
Entre las varias exposiciones que Alejandro que ha presentado, sobresale la exhibida en la Sala Juan Soriano del Cenart, demostrando un inquietante diálogo surrealista entre cada una
de las esculturas. Organizada la curaduría por Beatriz Vidal, quien con toda su simpatía y generosidad me sugirió le dedicara un breve comentario; y lo hago en un momento muy especial
significado por la sentida defunción del pintor Benjamín Domínguez, quien tenía indicios y planeaba a futuro una escultura también basándose en su propia iconografía.
TERESA DEL CONDE
Alejandro Velasco nos invita, como destinatarios que somos de sus esculturas, a desentrañar los usos simbólicos que hace de ciertos elementos iconográficos que son recurrentes en su labor,
para que luego asumamos una postura acerca de si es o no un continuador del Surrealismo.
Alejandro Velasco representa a sus personajes ejecutando algún instrumento, ya sea de viento o de cuerda. La frecuente referencia que hace a ese otro arte resulta destacable, toda vez que
caracteriza a la escultura su peso visual –y desde luego que también el real–, en tanto que la música es el arte más incorpóreo, amén de ser fugaz. Toda vez que en la ejecución musical
se valora la búsqueda de la perfección hasta arribar al virtuosismo, la mencionada alusión que hace este autor cobra sentido al constatar que, en la realización de sus piezas,Velasco
ha conseguido el rango de virtuoso.
CARLOS BLAS GALINDO
La obra de Alejandro Velasco es consecuencia de su historia. Heredero de la técnica y alumno de la vista y el diálogo, ha logrado ser intérprete de las más vastas y complejas
expresiones estéticas.
Su medio expresivo, en el que cohabita con los sueños, es principalmente el bronce, material de gran dureza y ductilidad mediante el cual registra y comunica, en su lenguaje
tridimensional, los valores materiales e inmateriales del arte. Velasco, desde su maestría técnica como fundidor de la aleación prístina, ha transitado y comunicado los mundos de
Cuevas, Leonora Carrington, Sergio Hernández, Vladi- mir Cora, Javier Hernández “Capelo”, Sergio Garval, Vicente Rojo, Pantaleon Ruiz, Alberto Castro Leñero, Gabriel Macotela, Roberto Cortazar
JOSE MARIA HERNANDEZ VALLEJO